No sé en que momento comenzó todo, ni tampoco cómo explicar todo este revuelo de sentimientos. Es difícil poner palabras a los misterios del corazón; por mucho que lo intento, tengo la sensación de que siempre me quedo corto, de que nunca es suficiente.
Quizás no es que no existan palabras para definirlo, sino que es tan bonito que la idea de reducirlo a unas cuantas líneas se me hace tan insignificante.
No voy a mentirte, también tengo miedo a no saber transmitirte todo lo que me invade por dentro, pero confío en que cuando me mires, el brillo de mis ojos te cuente todo lo que es posible dejar por escrito.
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